jueves 4 de diciembre de 2008

“Es crucial hacer arquitecturas que tengan relación con la situación, con el lugar y con el contexto”


Benedetta Tagliabue (Milan, 1963) se licenció en 1989 en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y desde el 2000 es profesora invitada de la ETSAB. En 1991 se asoció con Enric Miralles y juntos fundaron el estudio Miralles Tagliabue EMBT, que ha firmado algunos de los edificios más representativos de la Barcelona actual, como es el Mercado de Santa Caterina y la nueva sede para Gas Natural.

Estudiaste historia… ¿Por qué el salto a la arquitectura?

Me matriculé en la Universidad de Venecia porque era una universidad de arquitectura fantástica, pero en esa época había unos profesores quizás demasiado académicos. Los mejores profesores eran todos los del departamento de historia, entre los cuales el jefe era Manfredo Tafuri. Había mucha gente muy interesante y por eso me puse a estudiar en el departamento de historia, si bien después ya decidí que quería ser arquitecto. Quizás Venecia no daba la posibilidad de preparar bien a un arquitecto y me fui de la ciudad, estudié fuera y volví a decirle a Tafuri que había decidido ser arquitecto y no historiadora, y él me dijo que me auguraba una muy buena vida.

En 1987 fuiste a Nueva York a preparar la tesis en la Cooper Union School of Arquitecture, elección que marcaría tu vida profesional y personal al conocer a Enric Miralles con el que formarías el estudio EMBT ¿qué recuerdas de estos inicios?

Tras un curso de verano en Salzburg, decidí ir a Nueva York a hacer mi final de carrera para la Universidad de Venecia con un tutor de la Cooper Union y bajo la protección de John Heiduk. Ese fue un periodo lleno de cosas, de muchísimas experiencias que han marcado mucho mi vida profesional y, sobre todo al final, como sorpresa, porque conocí a Enric Miralles y no sólo tuvimos un contacto profesional importante sino que empezamos una vida personal juntos y claro… eso fue un cambio en mi vida.

El estudio trata de mantener el espíritu de los atelier artesanales, ¿qué importancia juega el contexto?

Para Miralles su vida era su profesión, la arquitectura. Vivir con él era compartir cada momento y sentir la aventura de hacer arquitectura de otra manera, de una forma para descubrir, siempre nueva. Siempre había una fuerte relación con saber hacer las cosas de una manera artesanal, valorar la capacidad de los artesanos suponía también valorar parte de nuestro trabajo ya que en la época era como algo muy “hecho en casa”, con poca gente, dibujos a mano y realmente basándonos en la seriedad de lo que hacíamos. Y en todo esto, el contexto siempre ha sido fundamental: casi como cuando en una sastrería se hacían los vestidos a medida, la arquitectura que se hacía en nuestro estudio muy claramente era una arquitectura totalmente a medida. Real-mente el modelo salía de la condición, de la situación y entonces cada proyecto era diferente. Y esta es nuestra manera de trabajar, así seguimos, aunque la manera de trabajar hoy en día sea muy diferente por la presencia de unas maquinarias y de unas soluciones tecnológicas que hace 20 años no se podían ni imaginar.

En EMBT también realizáis diseños, rehabilitación, proyectos en los espacios públicos ¿para ser un buen arquitecto hay que tener versatilidad?

Me gusta pensar que la figura del arquitecto es la figura de la persona que pone juntos todos los temas complejos que hacen una arquitectura o que puede hacer habitable un espacio o que puede hacer una situación mejor. Es por eso que el arquitecto considero que es mejor que no tenga una verdadera especialidad y que sea capaz de hacer trabajar a su alrededor especialistas diferentes.

En Hamburgo habéis llevado a cabo el espacio público Hafencity ¿cómo os habéis planteado regenerar el puerto de esta ciudad alemana?

Nosotros hemos propuesto en uno de los concursos que se hacían para mejorar la ciudad, transformar los espacios del puerto en unos espacios más humanos. El espacio de un puerto es un espacio para barcos, pero al mismo tiempo que ahora que es ciudad, tiene que llevar a la gente muy cerca del agua, tiene que hacer que estos paseos sean divertidos. Nuestra filosofía ha sido esto: cómo transformar un espacio de barcos en un espacio para la gente. Y esto significa también mover el espacio, que le pasen muchas cosas, hacer desaparecer el miedo al agua. Ahora ya se ven una serie de plazas que flotan en el agua y se llega a estas plazas a través de otras plazas con muchas gradas y todos los espacios públicos están llevando a la gente cerca del agua, en contacto con ella.

¿Qué valores arquitectónicos consideras que se han mantenido intactos en tu trabajo a lo largo de los años?

Todo de lo que hemos hablado anteriormente se ha mantenido intacto, y no sólo eso sino que vas profundizando. El tema de hacer arquitecturas que tienen una relación con la situación, con el lugar, con el contexto, es fundamental y lo seguimos en todos los proyectos que estamos haciendo.

Hace años en una entrevista afirmaste que la arquitectura que buscas es “una arquitectura nunca vista, nunca repetimos un modelo” ¿cómo se consigue este propósito?

Se consigue con mucho esfuerzo porque esto significa intentar hacer cada vez algo nuevo y entonces no tienes esta comodidad de repetir las cosas y eso supone un esfuerzo importantísimo. Esto se basa en hacer experimentos cada vez que haces un proyecto nuevo y cada vez probar de hacer algo más en relación a lo que tienes, y darse cuenta que realmente cada situación con la que te encuentras es diferente porque no hay una situación igual nunca. También es más divertido, consigues no aburrirte nunca con tu trabajo.

¿Qué ha cambiado en la arquitectura y en los arquitectos de Barcelona en los últimos cinco años?

El cambio es brutal, veo que hay una arquitectura rapidísima, una información rapidísima, que antes no teníamos, una capacidad de producir a través de las nuevas maquinarias muy inmediata. Esto está llevando, por ejemplo, a que gente muy joven, arquitectos de 30 años o incluso menos, están llegando a hacer propuestas muy interesantes, muy novedosas, y están empezando a construir. Estamos en un periodo especial donde se está haciendo un cambio generacional fortísimo y hay que estar muy atentos porque es un momento en que se están revolucionando las cosas, además los valores están cambiando. Por ejemplo, todo el valor de hacer una arquitectura más en relación a la energía, a la ecología, eso es ahora fundamental.

Además del Mercado de Santa Caterina, vuestra obra de gran impacto en la ciudad de Barcelona ha sido la nueva sede de Gas Natural ¿cómo se traduce la intención de un edificio como ser vivo que reacciona a los impulsos exteriores en arquitectura?

Si consideras que el edificio que estás haciendo es un edificio en relación al entorno, el edificio tiene que actuar. Entonces es casi un ser vivo porque tiene que ser capaz de conducir a la gente, de hacer que cree un cierto tipo de sensaciones o sentimientos. El edificio de Gas Natural es un ser vivo en el sentido que el edificio produce un impacto a las personas que lo ven y, además, cambia la estructura del espacio público. Consigue que la gente de la calle entre en el lobby del edificio sin darse cuenta, porque este lobby es una calle pública. Lo que me parece más acertado es que consigue que el espacio público y el espacio privado convivan y lo hagan de una manera muy natural, no tienes que poner ningún cartel que diga a la gente “pase por aquí”.

A los arquitectos estrella siempre se les reclama un cierto desinterés por el ámbito de la vivienda social, en tu caso esta afirmación no podría ser más errónea. El año pasado finalizaste las obras de 48 apartamentos en la periferia de Figueres.

Estoy contentísima de haber hecho estos 48 apartamentos, además hemos hecho 60 apartamentos en el mercado de Santa Caterina que también son para vivienda social. Creo que es interesantísimo trabajar en el mundo de la vivienda, es realmente intentar interpretar la nueva manera de vivir que se necesita. En el caso de Figueres lo que hemos intentado es hacer unos pisos, que son pisos reducidos, porque ya el programa es un programa innovador para gente que empieza a trabajar, a independizarse, pero no pueden quedarse más de cinco años en esos pisos, entonces hemos intentado hacer pisos muy flexibles. Los 40 m2 requeridos por el programa no tienen una división real, quien lo usa puede decidir y una gran ventana permite tener esta unificación con una gran luminosidad.