jueves 3 de julio de 2008

Entrevista con Julio Clúa, CLC Arquitectos

“Me atrae la capacidad que tienen los arquitectos para transformar las cosas desde la belleza y el significado”

Julio Clúa Martínez (1958, Zaragoza) ejerce como arquitecto con estudio propio en Zaragoza desde el año 1.983. También ejerce como profesor asociado en el Departamento de Proyectos de la Escuela Técnica superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra, donde actualmente es el presidente del Tribunal de Fin de Carrera. A lo largo de su carrera ha recibido varios premios y menciones, entre ellos el “European Aluminium in renovation award 2007” por la rehabilitación de los almacenes Gay. Entre otros muchos proyectos, es el autor de la ordenación del entorno de la estación intermodal del AVE en Zaragoza así como de la reconversión de los pabellones de la Expo 2008.

¿Por qué decidió ser arquitecto?
Por intuición quinceañera. Ahora con 49, volvería a elegir la misma carrera. Además tenía relación familiar con la profesión. Recuerdo que en el momento de decidirme, ya había visitado edificios y arquitectos importantes. Conceptos como luz, materia, espacio o imagen estaban presentes en aquello a lo que quería dedicarme. Otro aspecto que me parecía atractivo es la capacidad que tienen los arquitectos para transformar las cosas desde la belleza y el significado. También me cautivaba la enorme libertad del arquitecto a la hora de afrontar el proyecto y la circunstancia de que la solución fuese múltiple e igualmente válida. Este factor me atraía tanto como el hecho mismo de resolver el problema bajo el sinónimo de un programa o la posibilidad de construir. Cuestiones que me siguen motivando.


¿Qué valores arquitectónicos caracterizan su trabajo durante más de dos décadas?
Siempre he pensado que la arquitectura constituye el soporte mismo de la sociedad, es el factor que posibilita y da lugar a la propia acción humana, y aunque su razón de existencia nace de la necesidad, trasciende el uso hasta llevarlo a la dignidad de arte. Este pensamiento hace que entienda la arquitectura como un servicio, por eso debe ser y creo que es, bella y sensata, no por ello menos creativa o contundente. De hecho, la sociedad nos pide implícitamente a los arquitectos, una mezcla de creatividad, sensatez, invención, poesía y capacidad de coordinación.


¿Qué importancia juega la función práctica en sus proyectos?
Es primordial. Está en la raíz misma del encargo. Y no hay arquitectura, arquitectura construida claro está, sin encargo. Una obra que no funciona o está mal construida no es exactamente arquitectura. La eficacia no es exclusiva de las ingenierías; los edificios deben ser eficaces y satisfacer plenamente las expectativas que produjeron los encargos. Sin embargo hay que añadir que la eficacia del arquitecto no termina en ese punto, sino que comienza desde ese momento. Es la eficacia que no aparece reflejada en la letra de un contrato, ceñido al programa, al presupuesto y al plazo. Es esa eficacia que se logra con nuestro esfuerzo, para que los edificios sean bellos, bien construidos, coherentes con su entorno físico, temporal y cultural, que trasladan al usuario su significado más allá de su forma. Es esa la eficacia que nos permite hacer o no hacer buena arquitectura.


Uno de sus trabajos de mayor repercusión es La Milla Digital, en el entorno de la intermodal. ¿Cuál es el objetivo de este proyecto urbanístico realizado junto con Manuel Castillo?
Este fue un concurso atípico. Se debía hacer prosperar la urbanidad donde no había más que un enorme y bello edificio de hormigón recién erigido entre un millón de m2 vacantes. Los objetivos a conseguir eran numerosos y todos importantes; conseguir la compatibilidad entre la introducción del tercer cinturón con las circulaciones de llegadas y salidas de la propia estación y de la ciudad, la conformación del alzado sur de la ribera del Ebro, la formación del parque de la Almozara y su conexión con el corredor verde de Oliver, la combinación de la implantación de nuevos e importantes equipamientos y del cierre de la “herida” de las vías soterradas para la formación de grandes alzados urbanos que cerrasen como un telón, la imagen trasera del barrio de las Delicias, la implantación del nuevo barrio de la estación, la puesta en valor del Palacio de la Aljafería, el diseño de las plazas de la estación y de la avda. de Navarra. Toda una serie de objetivos de oportunidad que apoyarán la formación de un nuevo centro de ciudad, la “milla digital”, que dará definitivamente a Zaragoza una dimensión multipolar.


Uno de sus proyectos con más repercusión es el edificio de oficinas para la sede administrativa de la compañía Imaginarium en el centro logístico de Pla-Za. ¿En qué consistió este proyecto?
Recomendamos sacar fuera del gran almacén de chapa el espacio de oficinas, buscar el paisaje y la luz, superponerlo al almacén a media altura como un volumen flotante, liviano y transparente, jalonarlo de patios vegetales que introdujesen la luz y alternasen los usos de trabajo con los de ocio, deporte y relación entre los usuarios, sólo así se conseguiría que hiciesen del lugar de trabajo algo propio en un polígono más o menos impersonal.


Zaragoza recuperó uno de sus edificios más emblemáticos, como es el caso de los almacenes Gay. ¿Cómo afrontó esta rehabilitación en la que colaboró ARQ 21?
Se llegó a soluciones que suavizasen el divorcio entre el edificio y su contexto. La primera decisión pasó por la elección de un material pétreo, que debía ser de color “calle Alfonso”, para el que se decidió después de muchas pruebas, el mármol de macael mínimamente abujardado, por su propiedad de ser levemente traslúcido. Otra fue el estudio del módulo que proporciona la casi totalidad de las fachadas de los edificios de la calle Alfonso. Esta modulación, vertical, generó todo un despiece de fachada que sigue el ratio horizontal continuo de la composición a lo largo de toda la calle. Este despiece se resolvió mediante un muro cortina de perfil oculto que es capaz de albergar indistintamente piezas de gran formato de macael o vidrio serigrafiado en el mismo color blanco que el mármol.


Aquello de “en casa del herrero, cuchillo de palo” no es aplicable en su caso, ya que son los arquitectos de su propio despacho, seleccionado para los FAD 2002.
Decidimos darle un homenaje a Alejandro de la Sota (autor de la reforma) y estructuramos los usos con respeto absoluto a los espacios sugeridos por la disposición estructural, con particiones vidriadas, elementos correderos, puesta en valor de los lucernarios impresos y respeto absoluto a la fachada original del edificio. A partir de ahí, solo hubo que proponer dos cajas flotantes de chapa blanca inscritas en el Calatorao que discurren desde el acceso hasta el final del estudio permitiendo el correcto aislamiento del conjunto. La experiencia fue positiva y de ella solo cabe inferir algo bastante obvio, para obtener un buen resultado en cuanto a calidad arquitectónica, es preciso que el profesional sea arquitecto, cliente y usuario casi al mismo tiempo.