Jose María Torres Nadal (Cieza, 1947), titulado en la ETSA de Barcelona en 1973, obtuvo el título de Doctor en 1986. En 1997 se hizo cargo de la Dirección del Departamento de Proyectos de la Universidad de Alicante, del cual es catedrático desde 1999. Desde 1983 es editor y director de la colección de libros Arquilecturas. Ha recibido diversos premios y ha sido invitado a distintas Universidades de Europa y América.“Me pregunto si a fuerza de ser arquitecto, no me estoy volviendo arquitecto”
Jose García Osorio
¿Qué le llevó a querer ser arquitecto?
Es difícil precisar lo que estuvo en el origen de una decisión que se toma en un momento tan temprano. Recuerdo vagamente un sentimiento vinculado a la entidad social que yo le atribuía a la arquitectura y que tuvo y tiene mucho que ver con mi entendimiento de lo democrático y de lo político en tanto que factor constructivo de la libertad. Supongo que había además una percepción muy vaga y difusa de lo creativo, que no es sino otra forma de libertad. Pero a efectos de responder ahora acerca de lo que es a su vez lejano, lo que me interesa es la sistemática repetición y construcción en uno mismo de la idea de “querer ser” y que explicaría en una frase que más o menso sería esta: “Me pregunto si a fuerza de ser arquitecto, no me estoy volviendo arquitecto.”
¿Qué valores arquitectónicos se mantienen en su proceder a lo largo de estas décadas como profesional?
La idea de ir más allá. Más allá de la arquitectura misma. Entenderla como una práctica que anticipa la vida de lo que sucederá luego. Este “contexto del tiempo” siempre me ha impulsado a encontrar vínculos entre lo que la cultura proporciona como datos de hoy y saber que mañana serán distintos. Esta permeabilidad y elasticidad mental que propone categorías abiertas me parece que es algo que vincula lo que hice hace 30 años con lo que hago ahora. Si Robert Venturi me escribió aquel famoso fax, fue porque entendió y le atrajo sin conocerme, que esta movilidad mental era algo real en mi trabajo. Pero por ser más especifico, hay un factor de realidad en lo que hago que ha tenido que ver con lo que he fijado como “la condición figurativa del proyecto “y que me ha obligado a estar atento a la realidad como una experiencia inteligente. Seguramente por eso me gusta tanto la acepción de F.G.L del trabajo como inspiración frente a la idea de imaginación.
Que los proyectos se integren en la ciudad y sean capaces de generar vida urbana es una de sus preocupaciones. ¿Cuáles son las claves ?
Que la distancia entre esa figura que es el proyecto y el fondo en el que se sitúa, que es el hecho y las situaciones súrbanas a las que alude, sea corta. La subjetividad creativa, el C.V. de cada uno, los entramados culturales…..están incluidos en esa distancia pero no deben aparecer. El proyecto es la valoración técnica de esa distancia. Y cuanto más corta, cuanto más próxima sea la realidad que construye el proyecto y la realidad como experiencia inteligente a la que se refiere, más vivo será el proyecto. Esta condición especifica del proyecto que resuelve algo y que busca ser lo idóneo y que al hacerlo elabora continuamente material arquitectónico nuevo, es todo lo contrario de lo que hace la producción generalista basada en los iconos, incluso los iconos modificados y adaptados a la actualidad, de la arquitectura moderna.
¿Qué importancia juega la investigación en arquitectura?
Toda. Y voy a explicarlo en detalle porque es una cuestión clave. Por un lado están los datos que proceden del trabajo de redefinición de los modelos arquitectónicos para que generen nuevos iconos que permitan hablar de la sostenibilidad como la cuestión central del cambio de paradigma. La resistencia de la arquitectura a generar nuevos prototipos arquitectónicos que desarrollen esta condición iconográfica entorno a esa ideología es tremenda.
Por otro lado lo que he llamado la realidad como una experiencia inteligente o la cultura de la calle. Es decir, tal como lo entiendo, el factor que vincula la inspiración personal con el conocimiento especifico de una arquitectura que busca salirse de las categorías que tradicionalmente la han definido: lugar, espacio, forma, materia, pieles etc.
En tercer lugar la insistencia de que la investigación es una corresponsabilidad compartida entre entidades oficiales y privadas: nosotros debemos producirla y ellos deben aceptarla. Y viceversa: las empresas privadas y oficiales deben promover espacios de investigación y de trabajo, y hacerlo descodificando la idea de que lo nuevo es solo una repetición, brillante pero sin sustancia, de lo ya conocido.
Es cierto que estamos en un estadio de transición y que la definición avanzada de las nuevas categorías de nuestro trabajo necesita determinaciones de muy distinto tipo: científicas, graficas, visuales etc. para fijar un conocimiento arquitectónico específico y nuevo. Y también es cierto que la acumulación de ellas puede generar resultados confusos, propios de los momentos de transición. Pero este balbuceo es imprescindible empezar a desarrollarlo, a pesar de resultados contradictorios e inesperados. Es más, ese riesgo debe ser asumido si se quiere ir más allá y evitar esa definición tautológica y esa insistencia endogámica y constantemente autorreferente de la arquitectura.
¿Qué intenta transmitir a los alumnos mediante la actividad como docente?
Internet ha dejado fuera de juego y ha cambiado las reglas del concepto de conocimiento que procede de categorías como la edad y la experiencia. La cultura contemporánea esta redefiniendo continuamente los nuevos modelos “profesionales”: hoy un hacker de 17 años puede bloquear los sistemas informáticos de entidades financieras o políticas. Esto obliga, a quien quiera valorar esta realidad, a redefinir los roles de lo que significa la transmisión del conocimiento. Este es hoy una corresponsabilidad compartida entre quien enseña y quien es enseñado. Y este es un sentimiento a transmitir. Esta corresponsabilidad creativa en la docencia del Proyecto Arquitectonico obliga a valorar como algo único para el alumno la elaboración de un “pensamiento propio”, la adquisición de una autonomía intelectual que he llamado el Proyecto Teórico Personal como necesidad de algo a construir durante la carrera: los datos que proceden a la vez de elaboraciones propias acerca del cambio del conocimiento especifico de arquitectura, y los datos culturales que construyen el autoperfil de un nuevo sujeto y por tanto un nuevo profesional.
El Auditorio Vila Joiosa tiene como objetivo ser un proyecto público generador de espacio público. ¿Cómo se ha conseguido esta meta?
El Auditorio de La Vila es el cuarto de una serie de proyectos de concurso sobre el tema del Auditorio. El de Murcia, el de Bilbao, el de Salamanca y el de La Vila. Un Auditorio es un volumen muy grande ciego colocado en la ciudad. La idea que han recorrido y fijado de manera distinta estos cuatro proyectos ha sido cómo redefinir su condición de ser una parte del entramando social urbano, cómo incorporar datos más contextuales que los que proceden exclusivamente de ese programa y de la condición “gigantesca” de estos proyectos, y cómo generar situaciones arquitectónicas más vinculadas al uso cotidiano que al uso excepcional. Aquí la potencia de toda una planta que se desarrolló en Bilbao se transforma en un brazo que rodea el programa principal y genera un sitio que antecede física y emocionalmente al espacio interior. Ese sitio puede y creo que debe adquirir condición de espacio público con el uso; es el espacio exterior específico del proyecto: como los huertos del CDT o los patios de Orihuela …
El auditorio reconstruye la imagen de la montaña. ¿Qué materiales se han utilizado y qué criterios de sostenibilidad se han aplicado?
No era una intención directa el que pareciera una montaña. Si era una intención directa el que la forma se apartara de las cajas (odiosa palabra) o de ese imaginario tan repetitivo que renuncia elaborar proyecciones formales más complejas, por una simple cuestión de comodidad y de renuncia. El plástico que lo recubre por entero es delgado, pesa poco y es sostenible. Cubrir con él todo el programa y aceptar que el biselado de las uniones generaba una indefinición del plano, parecía un buen camino a seguir en esta idea de encontrar nuevos imaginarios… o al menos imaginarios que generen situaciones formales en transición.
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